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La crisis alimentaria se agudiza tras un año de pandemia: "No entra un solo euro y somos 10 viviendo en 44 metros"

Un año después del estallido de la emergencia sanitaria del coronavirus en España, las colas de cientos de personas frente a comedores sociales y despensas vecinales no cesan. La pandemia ha agravado aún más la inseguridad alimentaria en regiones como Madrid y las entidades sociales, redes vecinales y bancos de alimentos se vuelcan para ofrecer alimentos a quienes acuden cada día.

«Acabamos 2020 inmersos en la peor crisis alimentaria desde el inicio de nuestra actividad hace 25 años», advierten desde la Fundación del Banco de Alimentos de Madrid. La problemática del hambre ya existía, pero se ha agudizado a lo largo de este año. Durante 2019, el Banco de Alimentos de Madrid distribuyó un total de 20.670 toneladas de alimentos a entidades sin ánimo de lucro y en diciembre de ese mismo año se proporcionaba ayuda a 130.000 personas. En diciembre de 2020, la ayuda ascendía a 186.381 personas, lo que supone un incremento del 43%, y los datos revelan que se han distribuido 23.680 toneladas de alimentos durante todo el año, una media de 95.000 kilos diarios.

Leire es una joven de 36 años que reside en Villaverde Alto (Madrid) y que siempre se ha dedicado a la hostelería, pero que en septiembre del año pasado tuvo que recurrir a la ayuda de Servicios Sociales y del tejido vecinal. Sus problemas comenzaron a raíz de recibir un mensaje de la Seguridad Social que indicaba que le daban el alta por mejoría, por lo que dejaría de percibir la prestación económica por incapacidad temporal tras sufrir un accidente laboral y padecer dos hernias discales.

«Mi rutina diaria es ir de una a dos al comedor social a por una comida, a las famosas colas del hambre, en las que cada día hay más gente. Ves la situación real, desde personas sin techo, a familias en situación de ERTE y sin cobrar nada. Es algo verdaderamente sorprendente», detalla a 20minutos. Hasta agosto del año pasado estuvo en la mutua por incapacidad. “Fue una sorpresa porque no me encontraba bien para trabajar. El informe médico indicaba que si no me recuperaba me tendrían que hacer una intervención quirúrgica».

Fue entonces cuando solicitó el ingreso mínimo vital y otro tipo de subsidios pero, tras meses de espera, se los denegaron. «Tengo el obstáculo de que vivo sola y que tomo mucha medicación por el problema de la espalda y al no tener ningún tipo de ingresos pienso: ¿qué voy a hacer con la comida y la medicación?».

Decidió recurrir a la ayuda de la asociación vecinal La Incolora, situada en Villaverde Alto. «Llevé los papeles que tenía y desde el primer momento me ayudaron con el tema de las medicinas». De lunes a viernes acude al comedor de Mensajeros de la Paz de Villaverde. «Vivía con esto. No tenía otro tipo de ayuda. Tenía que depender de una ayuda puntual de la asociación vecinal y de la de Cáritas para bolsas de alimentación y no tenía nada para pagar los recibos por los suministros como la luz y la calefacción». A la espera de recibir una respuesta tras solicitar la Renta Mínima de Inserción de la Comunidad de Madrid, su situación sigue siendo la misma que hace unos meses. «Esto es algo que deberían cubrir, una persona cuatro meses sin ingresos no puede estar así».

Cristina también trabajaba en el sector de la hostelería, pero cuando empezó la crisis sanitaria en España fue despedida. «No recibo ningún tipo de prestación. He pedido el ingreso mínimo vital y me han dado cita para marzo». Por eso acude algunos días por semana al comedor social de la Calle Canarias de Madrid. «Vivo sola en una habitación de alquiler y nunca pensé en pedir ayuda. Yo también colaboraba antes con Cruz Roja con donaciones y mira ahora, me toca pedir a mí», explica a 20minutos.

Jonathan, por su parte, es un joven de 27 años que lleva viniendo a este comedor social desde 2019, cuando fue derivado por Cruz Roja. Cuenta que uno de sus mayores impedimentos para encontrar trabajo es que todavía no tiene la nacionalidad y que, aunque antes trabajaba de forma esporádica, todo se ha agravado con la crisis sanitaria. «En el alquiler del piso se va todo y tratan de pagarlo entre mi suegra y lo que cobra mi mujer. Pedí esta ayuda porque necesitaba productos básicos, como fruta». Su experiencia está ligada al sector de la construcción pero «llegó la pandemia y no salía trabajo». Por eso, cuenta, «dejo al niño en el colegio, me voy a cualquier lado y trato de buscar trabajo, aunque sea algo para sustentar el desayuno o la merienda».

Dayci no es la primera vez que acude al comedor social para recibir ayuda alimentaria para ella y sus cinco hijos. «Vine hace algo más de dos años por primera vez y la segunda vez que acudí fue tras una operación quirúrgica que tuvieron que hacerme en la cabeza», explica a 20minutos. Ha padecido una afección denominada malformación de Chiari, todavía tiene mareos y vértigos y no puede trabajar realizando esfuerzo físico.

Antes trabajaba como empleada del hogar pero «como no cotizaba no tenía derecho a prestaciones». «En nuestro hogar no entra ni un solo euro y somos 10 personas viviendo en un piso de 44 metros cuadrados», añade. A pesar de todo, se está recuperando poco a poco de la operación y se mantiene positiva. «Estoy recobrando la salud y hay que salir de esta».

«Lo que recibo al mes de pensión no contributiva no alcanza los 400 euros y menos mal que nos dan esto, porque hay mucha gente sin nada», cuenta Margarita, de 68 años de edad. Comenzó a venir pocos meses antes de la pandemia a este comedor: «La trabajadora social me dijo que tenía derecho al comedor social y después al piso tutelado, que es donde estoy ahora viviendo con otra persona», cuenta a 20minutos.

Según los datos ofrecidos por el Área de Familias, Igualdad y Bienestar Social, a fecha de noviembre de 2020, el Ayuntamiento de Madrid ha facilitado ayudas alimentarias tramitadas por los Servicios Sociales a aproximadamente 255.000 personas en 2020, multiplicando por cuatro el número de tramitaciones respecto al año previo a la pandemia.

No obstante, las demandas no han parado de aumentar en estos meses y muchas personas se han visto obligadas a solicitar ayuda a las asociaciones vecinales de sus barrios. Según los datos recopilados por la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), procedentes de 76 redes vecinales, desde marzo hasta el 31 de mayo de 2020, proporcionaron alimentos y productos de primera necesidad a 14.728 familias y 51.529 personas. «Todas estas cifras, a día de hoy, se han desbordado. No hemos disminuido, al contrario, hemos ido aumentando«, señala a 20minutos Javier Cuenca, vicepresidente de la FRAVM.

Sin embargo, en los últimos meses han tenido que diversificar el tipo de ayuda en función de las demandas y se han ido adaptando a los tiempos con el lanzamiento de campañas para la recogida de material escolar por la vuelta al colegio o para el acopio de medicinas ante el gasto mensual que supone para muchas personas. «Otro tipo de ayudas que nos han demandado mucho van asociadas a la pobreza energética«, añade.

Las despensas solidarias también se han duplicado durante este año. Esto se debe, en gran parte, a todas las personas que han perdido su empleo. «Si tenían algún colchón de ahorros lo han agotado y cuando acuden a Servicios Sociales la cita la reciben para cuatro meses más tarde. Mientras tanto, se quedan en desamparo y acuden a las despensas vecinales», explica Javier. Personas que, en muchos casos, «jamás han tenido necesidad de acudir a una red asistencial porque iban sobreviviendo, porque tenían sus trabajos, lógicamente precarios que no les permitían ahorrar«, añade.

El impacto económico y social ha asolado a buena parte de la población que reside en Madrid. El informe sobre el Diagnóstico Social de la crisis por Covid-19, elaborado por el Área de Gobierno de Familias, Igualdad y Bienestar Social del Ayuntamiento de Madrid, revela que uno de cada tres hogares (cerca del 37% ) ha sufrido una caída de sus ingresos a lo largo de 2020 y se estima que el 6% ha tenido dificultades para hacer frente a gastos básicos, como los suministros.

Por su parte, el Banco de Alimentos de Madrid alerta de que «a la bolsa de pobreza estructural existente antes de la actual crisis, se ha sumado un nuevo grupo de personas que nunca necesitó ayuda alimentaria». Personas que han perdido su empleo, aquellas con trabajo pero con ingresos insuficientes, hogares monoparentales «o personas que, aún recibiendo ayuda social, no llega a fin de mes».

De hecho, el informe del Ayuntamiento de Madrid detalla que un 28,6% de las personas que contactaron con los Servicios Sociales municipales en el segundo trimestre de 2020 eran nuevos usuarios. «Este impactante cambio en el perfil muestra que la crisis que comenzó en 2020 y arrastraremos en 2021 es, fundamentalmente, una crisis que afecta a familias jóvenes con hijos y bajos ingresos».

A lo largo de este año, el movimiento vecinal se ha volcado para apoyar a vecinos y vecinas de cada barrio e incluso han surgido nuevas iniciativas como el Banco de Alimentos del Barrio (BAB), un colectivo que nació en Lavapiés (Madrid) a finales del mes de marzo coincidiendo con las restricciones de movilidad implementadas por la pandemia. «Como habitantes del barrio fuimos conscientes de que muchas personas no vivimos al día, sino al día de ayer, y que sin ingresos la falta de alimentos iba a ser acuciante para muchas familias«, señala a 20minutos una de las colaboradoras.

La intención del colectivo desde el comienzo fue «borrar la línea imaginaria que existe entre el que da y el que recibe» porque «cualquiera podemos encontrarnos en un lado, en otro, o en los dos». Comenzaron hablando con pequeños comercios para poner en marcha un cajón solidario y «seguimos con grandes superficies y empresas que nos apoyaron». Todas las donaciones que recibían se compartían entre las diferentes entidades sociales del barrio reconvertidas ahora en despensas. Una de ellas es Plaza Solidaria, un colectivo formado por voluntarios y voluntarias que actualmente reparte cenas a un mínimo de 200 personas cada día.

Al comenzar la pandemia y no poder acudir a la plaza Tirso de Molina, donde solían hacer los repartos de comida, «nos planteamos dar asistencia directa y gracias a que nos cedieron un espacio en el Teatro del Barrio de forma temporal pudimos reactivar los menús para la gente en situación de calle. Funcionamos los dos primeros meses de la pandemia gracias a la comida que nos cocinaba el bar La Lorenza», explica a 20minutos Jose Luís Fidalgo, uno de los voluntarios de la asociación. Después consiguieron la entrega de menús diarios por parte de la ONG del chef José Andrés, World Central Kitchen. El resto de comida que reparten cada día en Plaza Solidaria es cocinada por voluntarios y voluntarias. «Incluso alguno de los comensales ha pasado a ser voluntario», destaca.

En las últimas semanas han notado un aumento de la demanda, sobre todo por parte de las familias. Por las mañanas reparten cestas de comida y ahora atienden a cerca de 150 familias, pero todo depende de las donaciones. «Ahora tenemos menos y quizá a una familia solo la podemos llamar cada dos o tres semanas».

Algunas despensas vecinales se mantienen, pero otras han tenido que desligar este tipo de ayuda en función de su capacidad. «A día de hoy nos encontramos en las mismas. Desde el Ayuntamiento señalan que se han reforzado los Servicios Sociales, pero al mismo tiempo va aumentando el número de personas que demandan la ayuda», indica Javier Cuenca, de la FRAVM. “Agradecemos por una parte que se refuercen los Servicios Sociales, pero justo después queda automáticamente en debilidad frente a la ayuda demandada”.

Desde el Banco de Alimentos del Barrio también destacan que estas necesidades siguen en aumento, pero que las donaciones están disminuyendo. Además, el perfil del demandante se ha ampliado «incluyendo a personas que, dicho por ellas, jamás hubieran pensado estar en esta situación». Con el propósito de dar continuidad a este proyecto, este colectivo se ha apoyado en SuperCoop Madrid, un supermercado colaborativo situado en el centro de la capital en el que las cooperativistas donan a través de su cesta. «Lo recaudado se invierte, con total transparencia, en los puestos del Mercado de San Fernando de Lavapiés y se reparte entre las asociaciones».

Cuando todo comenzó en el mes de marzo «hacíamos una previsión de que en verano estaría superado. Estamos a un año del inicio de la pandemia y lejos de estar superado nos mantenemos en una situación similar«, concluye Javier.

Source: Madrid Directo Comunidad

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